Cuando todo se iba apaciguando,
mansamente retornando a ti la paz,
olvidándote de ti y olvidando
que el olvido no es no recordar.
El capricho de tu mente ventolera,
jugarretas que te juegas sin pensar,
te tentó a que escribieras un poema,
el poema que callado debió estar.
La respuesta vino en forma de mordisco,
que cercena de un bocado el corazón.
El olvido que no puede ser olvido,
nos lacera cuando nos gritan amor.
Cuando todo parecía remansado,
en las aguas que no hacen naufragar,
te encontraste que en una nuez vas navegando,
no te extrañes si te vuelves a extrañar.
C. R. C. (29-07-10)
jueves, 29 de julio de 2010
miércoles, 28 de julio de 2010
Me ofreciste el sonido de la tarde en la playa.
Me trajiste el lenguaje de las aves sin voz.
Me vestiste de diosa, de sirena marina.
Me pintaste en Carnota a la orilla del mar.
Yo no era la diosa, yo no era sirena.
Yo no era esa “ella” que soñaste una vez.
Yo escuchaba el sonido de las olas que besan.
Yo soñaba el dorado del ocaso del sol.
Intestaste domarme, moldearme en poema.
Me sentías etérea, me sentía mortal.
Me vestías de barro, respiraba tus flores.
Tú me amabas poema, yo era una mujer.
Reclamaste el derecho de tenerme a tu lado.
Yo no supe o no quise entregar todo a ti.
Decidí despedirnos para no hacerte daño.
Yo quería unos brazos sosteniéndome a mí.
Yo no era sirena, yo no era poema…
Yo no era la ninfa que el druida soñó…
Yo no era tan fuerte para ser la más fuerte…
Yo sabía que era… cansancio hecho mujer…
Me alejé de tu vida, me borré de tu nombre,
me alejé de los hombres, me oculté de su voz.
Decidí enclaustrarme dentro de una oficina,
me olvidé de la vida… y la vida siguió.
Y de repente un día… la mujer solitaria,
la mujer hecha hierro, la mujer no mujer,
se encontró sorprendida escribiendo un poema,
se olvidó que era hielo… y se sintió mujer.
Y lloró como nunca, y amó contracorriente.
Y se domó ella sola, y se enseñó a amar.
Y escribía caricias que se hicieron poema.
Y un hombre las borraba… y mi nombre olvidó.
No le importa el olvido, no le importa el desprecio…
Ella ama a ese hombre… que no pide su amor.
Ella ama a ese hombre… que nada le pidió.
No le importa el silencio… ya no espera su voz.
C. R. C. (28-07-10)
Me trajiste el lenguaje de las aves sin voz.
Me vestiste de diosa, de sirena marina.
Me pintaste en Carnota a la orilla del mar.
Yo no era la diosa, yo no era sirena.
Yo no era esa “ella” que soñaste una vez.
Yo escuchaba el sonido de las olas que besan.
Yo soñaba el dorado del ocaso del sol.
Intestaste domarme, moldearme en poema.
Me sentías etérea, me sentía mortal.
Me vestías de barro, respiraba tus flores.
Tú me amabas poema, yo era una mujer.
Reclamaste el derecho de tenerme a tu lado.
Yo no supe o no quise entregar todo a ti.
Decidí despedirnos para no hacerte daño.
Yo quería unos brazos sosteniéndome a mí.
Yo no era sirena, yo no era poema…
Yo no era la ninfa que el druida soñó…
Yo no era tan fuerte para ser la más fuerte…
Yo sabía que era… cansancio hecho mujer…
Me alejé de tu vida, me borré de tu nombre,
me alejé de los hombres, me oculté de su voz.
Decidí enclaustrarme dentro de una oficina,
me olvidé de la vida… y la vida siguió.
Y de repente un día… la mujer solitaria,
la mujer hecha hierro, la mujer no mujer,
se encontró sorprendida escribiendo un poema,
se olvidó que era hielo… y se sintió mujer.
Y lloró como nunca, y amó contracorriente.
Y se domó ella sola, y se enseñó a amar.
Y escribía caricias que se hicieron poema.
Y un hombre las borraba… y mi nombre olvidó.
No le importa el olvido, no le importa el desprecio…
Ella ama a ese hombre… que no pide su amor.
Ella ama a ese hombre… que nada le pidió.
No le importa el silencio… ya no espera su voz.
C. R. C. (28-07-10)
Recuerdo…
Tú me escribiste que te gustaban Benedetti
y…
las nueces.
Yo…
Yo te escribí que me gustaba Alfonsina
y…
te pregunté…
Te pregunté…
si conocías el resto de aquellos versos…
No eran unos versos… era una canción.
Una canción de Serrat…
Ahora…
Recuerdo que me gusta Benedetti…
Que tu voz sonaba a Benedetti…
Que cuando pienso en ti oigo a Benedetti…
¿Y tú?...
¿Cómo me recuerdas tú?
¿Asocias mi recuerdo con Alfonsina?
¿Por qué querías ver mis manos?
Mis manos no son pequeñas…
Yo no soy delicada…
Las asas de mi bolso no eran brutas,
aunque a ti te lo parecieran.
Yo no soy Alfonsina, ni soy delicada.
Ni tan siquiera mi voz suena a Alfonsina
No tengo acento argentino…
Y …
No me vestiré de mar…
Tal vez de algas… tal vez de olvido… tal vez de amor…
tal vez de marea...
o de espuma…
De aquella espuma blanca atlántica…
de aquella espuma… al pie de aquel faro…
aquel faro…
Aquel faro es mi faro… no el tuyo.
Tu voz…
Tu voz suena a Benedetti…
Tu voz en una cascara de nuez dijo…
¡Te quiero… !
¡Te quiero…!
No hay un poema más breve...
No hay un poema más bello…
Benedetti… tú, y la nuez.
C.R.C. (27-07-10)
Tú me escribiste que te gustaban Benedetti
y…
las nueces.
Yo…
Yo te escribí que me gustaba Alfonsina
y…
te pregunté…
Te pregunté…
si conocías el resto de aquellos versos…
No eran unos versos… era una canción.
Una canción de Serrat…
Ahora…
Recuerdo que me gusta Benedetti…
Que tu voz sonaba a Benedetti…
Que cuando pienso en ti oigo a Benedetti…
¿Y tú?...
¿Cómo me recuerdas tú?
¿Asocias mi recuerdo con Alfonsina?
¿Por qué querías ver mis manos?
Mis manos no son pequeñas…
Yo no soy delicada…
Las asas de mi bolso no eran brutas,
aunque a ti te lo parecieran.
Yo no soy Alfonsina, ni soy delicada.
Ni tan siquiera mi voz suena a Alfonsina
No tengo acento argentino…
Y …
No me vestiré de mar…
Tal vez de algas… tal vez de olvido… tal vez de amor…
tal vez de marea...
o de espuma…
De aquella espuma blanca atlántica…
de aquella espuma… al pie de aquel faro…
aquel faro…
Aquel faro es mi faro… no el tuyo.
Tu voz…
Tu voz suena a Benedetti…
Tu voz en una cascara de nuez dijo…
¡Te quiero… !
¡Te quiero…!
No hay un poema más breve...
No hay un poema más bello…
Benedetti… tú, y la nuez.
C.R.C. (27-07-10)
viernes, 23 de julio de 2010
No quiero curar de ti, sanar no quiero.
Tú parásito, yo huésped, te alimento.
Nadie sabe que tú me vas por dentro,
aunque fuera de mí nadie te vea.
Hoy te vi cuando en los ojos me brillabas,
floreciéndome en la boca la sonrisa.
Nadie estaba contemplando mi mirada.
Nadie había que en mis labios te leyese.
Me brotabas desbordante sin tenerte.
Te nombré caminante en mis pisadas.
Te encontraba en las sombras compañero.
Te sentía revolviendo mi cabello.
En el rayo de sol pinté tus besos.
En la voz del cantor tu voz decía.
Te esfumaste en vapor por protegerme.
Te tornaste cruel por no dañarme.
No quiero sanar de amor, curar no quiero.
Tú serás mi parásito secreto,
aunque ya no tenga brillo en la mirada,
aunque ya no me delate en la sonrisa.
C.R.C. (23-07-10)
Tú parásito, yo huésped, te alimento.
Nadie sabe que tú me vas por dentro,
aunque fuera de mí nadie te vea.
Hoy te vi cuando en los ojos me brillabas,
floreciéndome en la boca la sonrisa.
Nadie estaba contemplando mi mirada.
Nadie había que en mis labios te leyese.
Me brotabas desbordante sin tenerte.
Te nombré caminante en mis pisadas.
Te encontraba en las sombras compañero.
Te sentía revolviendo mi cabello.
En el rayo de sol pinté tus besos.
En la voz del cantor tu voz decía.
Te esfumaste en vapor por protegerme.
Te tornaste cruel por no dañarme.
No quiero sanar de amor, curar no quiero.
Tú serás mi parásito secreto,
aunque ya no tenga brillo en la mirada,
aunque ya no me delate en la sonrisa.
C.R.C. (23-07-10)
martes, 20 de julio de 2010
Hacía calor, Madrid ardía, me abrazaba en su aire, me estrujaba,
yo sentía en mi piel esa premura del fogoso amante acariciarme.
No podía escabullirme del abrazo, me deje languidecer, me entregué entera,
Jadeamos los dos acalorados, aire caliente tú, calor mi cuerpo.
Y mientras nuestros calores compartimos, mientras fumaba al calor de la terraza,
alcé la vista y vi una bandada de pájaros en revuelo peregrino.
El sonido del agua de una fuente ponía nota de frescor en mis oídos.
El calor, el frescor, el vuelo huido, el regusto a sudor sal en mis labios.
Esa imagen de ti en mí abrazado, esa imagen de mí mirando el cielo.
Esos pájaros volando en loco vuelo, esa tarde de julio en la terraza.
Alas, cielo, fuente, agua…
Acuarela de pájaros en vuelo, calor de cielo azul, fuente en la plaza.
Aire caliente tú… calor mi cuerpo… espejismos de amor en la terraza.
C. R. C. (20-07-10)
yo sentía en mi piel esa premura del fogoso amante acariciarme.
No podía escabullirme del abrazo, me deje languidecer, me entregué entera,
Jadeamos los dos acalorados, aire caliente tú, calor mi cuerpo.
Y mientras nuestros calores compartimos, mientras fumaba al calor de la terraza,
alcé la vista y vi una bandada de pájaros en revuelo peregrino.
El sonido del agua de una fuente ponía nota de frescor en mis oídos.
El calor, el frescor, el vuelo huido, el regusto a sudor sal en mis labios.
Esa imagen de ti en mí abrazado, esa imagen de mí mirando el cielo.
Esos pájaros volando en loco vuelo, esa tarde de julio en la terraza.
Alas, cielo, fuente, agua…
Acuarela de pájaros en vuelo, calor de cielo azul, fuente en la plaza.
Aire caliente tú… calor mi cuerpo… espejismos de amor en la terraza.
C. R. C. (20-07-10)
domingo, 18 de julio de 2010
Ellas y ellos, porque también hubo, hay y habrá ellos,
ellas y ellos son esos que te encuentras en la calle,
que pasan a tu lado, que pasamos a su lado,
nos cruzamos, nos miramos, nos sonreímos,
nos reconocemos en sus ojos que nos miran,
nos reconocen en nuestros ojos que les miran.
Y…
Aunque no nos digamos nada y pasemos de largo,
como quien no ha visto su reflejo en el espejo,
como quien no ha sentido la mano en la mano,
el brazo alrededor del hombro… sosteniéndonos,
comprendiéndonos, sustentándonos, acariciándonos…
Ellas y ellos tienen esa mala costumbre de escribirse en versos.
Y…
De repente… un día cualquiera, una mañana, una tarde, una noche…
en la casa de al lado, en la ciudad vecina o a miles de kilómetros,
nos reconocemos en esos ellos y ellas que no son ellas y ellos.
Ellas y ellos seguimos siendo… nosotros.
Nosotros que nos tropezamos en las calles…
Nosotros que nos escribimos en ellos.
C. R. C. (18-07-2010)
ellas y ellos son esos que te encuentras en la calle,
que pasan a tu lado, que pasamos a su lado,
nos cruzamos, nos miramos, nos sonreímos,
nos reconocemos en sus ojos que nos miran,
nos reconocen en nuestros ojos que les miran.
Y…
Aunque no nos digamos nada y pasemos de largo,
como quien no ha visto su reflejo en el espejo,
como quien no ha sentido la mano en la mano,
el brazo alrededor del hombro… sosteniéndonos,
comprendiéndonos, sustentándonos, acariciándonos…
Ellas y ellos tienen esa mala costumbre de escribirse en versos.
Y…
De repente… un día cualquiera, una mañana, una tarde, una noche…
en la casa de al lado, en la ciudad vecina o a miles de kilómetros,
nos reconocemos en esos ellos y ellas que no son ellas y ellos.
Ellas y ellos seguimos siendo… nosotros.
Nosotros que nos tropezamos en las calles…
Nosotros que nos escribimos en ellos.
C. R. C. (18-07-2010)
miércoles, 14 de julio de 2010
Cuando el amor nos deja, cuando se marcha.
Cuando se nos olvida esa sonrisa enamorada.
Cuando ya no notamos aquella falta que nos faltaba.
Cuando pasan los días y no esperamos una llamada.
Cuando la tarde cae y el sol se pone en la montaña.
Cuando al mirar el cielo vestir de rojo tú no me faltas.
Tú no me faltas, se me ha dormido la que te amaba.
La que te amaba, habla en pasado la que te amaba.
La que no quiere amar, es ésta ahora la que te habla.
Tú no creías, no la creías, porque leías sólo palabras.
Ella decía, ella escribía que no serías huella lejana.
Por no creerla, por no quererla, por no apreciarla,
todas sus letras hechas caricias tú fríamente eliminabas.
Y le dolía, y se sentía tan despreciada, y, pese a ella, ella te amaba.
Ella no siente, ella no llora, ella no aparta ya la mirada.
Ya no le dueles, ya no la matas, ya no has de verla enamorada.
Ella te amaba, ella lo sabe, tan sólo ella, la que no amabas.
¿Y si no ama? ¿y si no siente? ¿por qué te habla?
No es un reproche, no es una queja, es una pena, una plegaria,
un hasta siempre, mi amor amado, mientras la acuna para acallarla,
para dormirla, para dormirlo, al corazón le canta nanas.
C. R. C. (13-07-10)
Cuando se nos olvida esa sonrisa enamorada.
Cuando ya no notamos aquella falta que nos faltaba.
Cuando pasan los días y no esperamos una llamada.
Cuando la tarde cae y el sol se pone en la montaña.
Cuando al mirar el cielo vestir de rojo tú no me faltas.
Tú no me faltas, se me ha dormido la que te amaba.
La que te amaba, habla en pasado la que te amaba.
La que no quiere amar, es ésta ahora la que te habla.
Tú no creías, no la creías, porque leías sólo palabras.
Ella decía, ella escribía que no serías huella lejana.
Por no creerla, por no quererla, por no apreciarla,
todas sus letras hechas caricias tú fríamente eliminabas.
Y le dolía, y se sentía tan despreciada, y, pese a ella, ella te amaba.
Ella no siente, ella no llora, ella no aparta ya la mirada.
Ya no le dueles, ya no la matas, ya no has de verla enamorada.
Ella te amaba, ella lo sabe, tan sólo ella, la que no amabas.
¿Y si no ama? ¿y si no siente? ¿por qué te habla?
No es un reproche, no es una queja, es una pena, una plegaria,
un hasta siempre, mi amor amado, mientras la acuna para acallarla,
para dormirla, para dormirlo, al corazón le canta nanas.
C. R. C. (13-07-10)
lunes, 5 de julio de 2010
Volver a escribir un poema sólo por escribirlo,
como si un poema fuese sin ser poema en lo escrito.
Volver a escribir sin letras que papeleras recojan.
Jugar a escribir poemas sin escribirse en sus versos.
Reconocer el segundo en que el poema te atrapa.
Dejarse llevar por él escribirse en sus palabras.
Mirar de frente al espejo, porque está frente a tus ojos.
Sentir la brisa nocturna acariciarte en los hombros…
Respirar en la sonrisa que se dibuja ella sola…
Interrumpirse en lo escrito porque lo escrito no escribe.
Volver a escribir poemas, aún sin escribirse en ellos,
sin sentirse en el poema letras que se escriben solas.
Echar de menos aquello que escribía sin palabras.
Escribir sin escribirse en lo escrito con palabras.
Escribir sin escribirse escribiéndose en poema.
Necesitar ser escrita cuando me escribo en poema.
C. R. C. (05-07-10)
como si un poema fuese sin ser poema en lo escrito.
Volver a escribir sin letras que papeleras recojan.
Jugar a escribir poemas sin escribirse en sus versos.
Reconocer el segundo en que el poema te atrapa.
Dejarse llevar por él escribirse en sus palabras.
Mirar de frente al espejo, porque está frente a tus ojos.
Sentir la brisa nocturna acariciarte en los hombros…
Respirar en la sonrisa que se dibuja ella sola…
Interrumpirse en lo escrito porque lo escrito no escribe.
Volver a escribir poemas, aún sin escribirse en ellos,
sin sentirse en el poema letras que se escriben solas.
Echar de menos aquello que escribía sin palabras.
Escribir sin escribirse en lo escrito con palabras.
Escribir sin escribirse escribiéndose en poema.
Necesitar ser escrita cuando me escribo en poema.
C. R. C. (05-07-10)
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