Porque habiendo estado, nuevamente,
a dos pasos del borde del abismo,
precipicio interior, negro agujero,
argonauta sin patria me he sentido.
Se escuchaban los cantos de sirena,
Circe, ansiosa, celebraba ya su triunfo,
la Medusa, de horrenda cabellera,
asomaba al cristal donde me miro.
Me he sentido de nuevo prisionera
en la cárcel interior donde no habito,
donde el negro color que se pasea,
no es el negro color con que me visto.
Rojo ardiente, carbón negro, negro y rojo,
dos colores que al vestirlos son mi símbolo,
del carbón, frío, inerte, cuerpo fósil,
y del fuego, llama ardiente, pulso ígneo.
Amo el fuego que al carbón de piedra toca,
ambos, juntos, se consuman, se celebran,
se transforman, se transmiten, se fusionan,
son mi puedo, son mi quiero, debo unirlos.
Porque habiéndome sentido la perdida,
la que sobra, la que no tiene su sitio,
la que estorba a ella misma, la extranjera,
la que para vivir no halla un motivo.
Porque intento lo único que puedo,
no olvidarme de mí, no abandonarme,
a buscarme, sedienta de mí vengo,
a invitarme, una vez más, a acompañarme.
C. R. C. (05-06-09)
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