domingo, 27 de junio de 2010

Cuando yo me muera llevadme a ese templo,
a ése donde el sol viste de dorado el aire a lo lejos.
Cuando el sol se ponga, cuando el horizonte se vuelva de fuego,
aventadme al viento, aventad mi cuerpo, al aire cenizas, al aire en un vuelo,

Cuando yo me muera, cuando me lancéis como hoja al viento,
pensad que no muero, sonreíd conmigo, quiero una sonrisa como un hasta luego,
estaré en el aire, estaré en el suelo, quiero que al pisar sobre las aceras me sintáis de nuevo.
Quiero estar allí, pasear despacio, tumbarme en la hierba, ser una caricia para los que quiero.

Cuando yo me muera y me hayáis llevado y aventéis mis restos,
guardad dos miajas del polvo ceniza que fueron mis huesos,
subidme a Libunca y allí recitad conmigo este verso y… aventadme al viento.
La otra miaja llevadla a mi faro, lanzadme a mi mar, quiero navegarlo, quiero ser su beso.

C. R. C. (27-06-10)

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