domingo, 27 de junio de 2010

Cuando yo me muera llevadme a ese templo,
a ése donde el sol viste de dorado el aire a lo lejos.
Cuando el sol se ponga, cuando el horizonte se vuelva de fuego,
aventadme al viento, aventad mi cuerpo, al aire cenizas, al aire en un vuelo,

Cuando yo me muera, cuando me lancéis como hoja al viento,
pensad que no muero, sonreíd conmigo, quiero una sonrisa como un hasta luego,
estaré en el aire, estaré en el suelo, quiero que al pisar sobre las aceras me sintáis de nuevo.
Quiero estar allí, pasear despacio, tumbarme en la hierba, ser una caricia para los que quiero.

Cuando yo me muera y me hayáis llevado y aventéis mis restos,
guardad dos miajas del polvo ceniza que fueron mis huesos,
subidme a Libunca y allí recitad conmigo este verso y… aventadme al viento.
La otra miaja llevadla a mi faro, lanzadme a mi mar, quiero navegarlo, quiero ser su beso.

C. R. C. (27-06-10)

sábado, 19 de junio de 2010

Una mujer, vi pasar, llevando una rosa blanca,
la llevaba boca abajo, en celofán encerrada.
No iba cogida del brazo de quién la rosa entregara,
y pensé

- mejor así, que él no la vea llevarla.
Si la entregó con amor que no vea su mirada,
la indiferencia que es, el portar su rosa blanca
como en un día sin lluvia se balancea un paraguas-

Luego pensé, pese a mí, que no importa quién regala,
la importancia de una rosa la da quién nos la regala.
Una rosa roja tuve que llevé cual rosa blanca,
la recibí como a quien un folleto le entregaran.

Triste recibir dos rosas, roja rosa, rosa blanca.
Triste belleza de flor recibida con desgana.

C. R. C. (19-06-10)


viernes, 11 de junio de 2010

Amor, ven, déjame besar tus labios.
Hazme sentir mi pecho estremecerse,
Quiero que tú conmigo te estremezcas,
Quiero soñar el sueño de tenerte.

Amor, ven, soñemos los dos juntos.
Quiero sentir deseos en mi cuerpo
Quiero que tú desees mis caricias
Quiero vivir muriendo por tenerte.

Pasa el amor, camina de puntillas,
Es un chiquillo con alas, regordete.
Es un bribón, de picara sonrisa,
no lanza flecha a quién las flechas quiere.

Le llamarás, y hará oídos sordos,
Le buscarás, y sabrá esconderse,
No ve, no oye, no atiende, él no viene.
Ignórale, atiende… llega… hiere.

C. R. C. (11-06-10)

miércoles, 9 de junio de 2010

Espérame un segundo, amiga mía,
fumaré un cigarro en la terraza,
mientras tú vas fumándote tu vida
en volutas de sueños que se escapan.

Una UVE forma el humo de mis noches.
Una UVE invertida y atravesada,
se deshace en el humo de tus sueños,
ambas danzan abrazadas a la nada.

Espérame mientras fumo mi cigarro
pensativo, de amor en esperanza.
Tú me esperas y fumando vas pensando
jamás nunca seré yo a la que aman.

Volveremos a hablarnos en la noche.
Volveremos a pensar, casi en voz alta,
el no estar faltos de nada y, sin embargo,
faltar algo que a los dos nos hace falta.

Compañeros de fatigas en amores,
sin fatigas de amor acompañadas,
sonreiremos los dos y notaremos,
el estómago encogido por su falta.

Me dirás que me esperas cada noche.
Te diré que me siento acompañada.
Me dirás que adoras mis maneras.
Te diré que es cálido el frío en que hablas.

C. R. C. (08-06-10)

domingo, 6 de junio de 2010

Raso rosa ocultando vetas grises frio mármol.
La caída de ese vuelo acampanado.
La textura suavidad de tela raso,
disimula que debajo de su capa
se amontonan los zapatos.

Un portátil sin cerebro, su HD arrinconado.
La armazón de antiguas patas de otra mesa.
El tablero de su base aglomerado,
carcomido de polilla, colador sin ser cedazo,
airón-fix símil madera, disimulo acribillado.

Se completa, el puzle-mesa, con una plancha de mármol
procedente de otra mesa cuyas patas se quebraron.
La cubierta raso-rosa, circunferencia en rectángulo,
mesas camilla cubría antes de este reciclado.

Si no levantas las faldas, hasta luce el rosa-raso.
Menos mal que nadie puede destripar el reciclado.
Si nos levantan las faldas, ¿qué se vería debajo?
Ocultos tesoros brillan, mate color oro falso.

C. R. C. (06-06-10)
Empecé por releer viejos escritos,
horas huyen, la mañana se hizo tarde.
Tomé luego entre mis manos aquel libro,
invitando a mis palabras a acallarse.

Imposible no escribir lo que ellas dicen,
mi cabeza es un gramófono parlante,
donde bailan, agarradas de la mano,
mil palabras que no quieren silenciarse.

Ahora danzan caprichosas y festivas,
celebrando su victoria de mostrarse.
Desvergüenza de palabras impulsivas,
sin pudor de manchar folios al plasmarse.

¿Quién me manda con vosotras enredarme?
¿Quién me hace sonreír mientras me dictan?
¿Quién demonios es la única culpable?
Yo, mi yo, ella es la gran culpable.


C. R. C. (06-06-10)