Al llegar vino a mí aquella imagen
su color se pintaba en mi recuerdo,
caminé, ascendiendo, aquel sendero,
mientras iban mis pasos resonando.
Los maderos hacían de tantanes,
una música extraña iba surgiendo,
era el ritmo apurado del recuerdo,
era el sueño de verlas como antes.
Y llegué a la cima del camino,
me paré y bajé mi vista al lago,
me esforcé en encontrar algún vestigio
de esos dientes de verde entre el ramaje.
Y bajé con cuidado por las losas,
me senté a dos palmos de aquel agua,
a derecha e izquierda iba buscando
y por más que miré ya allí no estaban.
Brilla el lago y allí al fondo el mar se agita
el Atlántico ruge y me reclama
sigue el faro a lo lejos en la bruma,
sopla el viento y el ardiente sol apaga.
Y tumbada en la orilla me acaricias,
recorriéndome el cuerpo con tu arena,
me celebras, me calmas, me convidas
al frescor de tus aguas y entro en ellas.
C. R. C. (13-08-09)
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