martes, 26 de mayo de 2009

Ida y vuelta a la parada
Una tarjeta en la mano
La misión es entregarla al conductor de autobús que pasa a las catorce y treinta.
Hace sol, hay flores lilas, pensamientos color malva.
El semáforo cerrado, disco rojo.
Pasa el nueve
Algo pasa cuando pasa, un relámpago en la mente, un impulso refrenado.
El semáforo se abre, color verde.
Unos pasos aceleran, unas piernas enfundadas en dos perneras muy negras.
Unos pies, unos zapatos, unas suelas que atraviesan sobre bloques de cemento y, mientras pasan, dos ojos por el suelo se pasean.
Un socavón guarda dentro, entre restos de adoquines, unas hojas de magnolio, ya marchitas, ya resecas, ya marrones, ya mohosas, ya sin vida, ya sin ellas.
El asfalto, carretera, atraviesa.
La marquesina da sombra a quienes el bus esperan.
Gente joven, estudiantes, dos ojos que los pasean.
Una mujer va llegando, otra mujer se le acerca.
Petición que es atendida, unas gracias que se aceptan.
Cambio de mujer y manos, entregada la tarjeta.
Una llamada que anuncia que se entregó la tarjeta.
Ida y vuelta caminando, solitarias las perneras.
Olvidarse del impulso, olvidarse, ida y vuelta.


C. R. C. (26-05-09)

1 comentario:

  1. Bueno Maca, las piernas nunca van solas, aunque la cabecita parezca que vaya por su cuenta y a ellas las olvide. Si,lo entiendo, claro que lo entiendo. Algo. Cuando uno va con la mente en una idea, en un hecho, en un recuerdo y esas piernas van solas.
    Mira que eres complicada y le buscas tres pies al gato.
    Si van solas que vayan. El caso es que se muevan.
    Necesito dormir.
    Bicos.
    Rebicos.

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