martes, 16 de febrero de 2010

¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! …

Aquellas palabras, ningún cementerio,
aquellos sonidos de agua y de viento…
aquellas campanas callando a lo lejos…

Repican los huesos…

Suenan los badajos a golpes de ciego,
callados ladridos, el rabo batiendo…
Se arrían los humos…
humores de perro…

Decían…
palabras que suenan a viejo…
Callaban… los mismos antiguos secretos…
El tiempo no existe para los que fueron…
Se fueron… borrando sus propios silencios…
Escrito en el mármol quedó aquel lamento…
del nombre, del nato y del pasamiento…

¿Qué fue de aquel pulso del latir el pecho?
¿A dónde el suspiro? ¿A dónde el te quiero?
¿A dónde se han ido los que amar sintieron?
¿A dónde… amor mío… los dos nos iremos?
¿En dónde los besos?
¿En dónde mirarnos?
¿En dónde decirnos amor sin que el labio pronuncie un sonido, ni diga un te quiero?

¿Lo sabes cariño?
Yo quiero aprenderlo, yo quiero quererte sin que importe el tiempo.
Sin que importe nada, tan sólo el momento, tan sólo el instante…
Tú y yo, frente a frente… Tú y yo… frente al tiempo.

¿No sabes que puedo querer porque quiero?
¿No sabes que callo porque puedo hacerlo?
¿No sabes que hablo diciendo en silencio?...
¿que vuelvo al rincón lejano del centro?

Y a pesar de todo… amor… vive dentro.
Amor va sintiendo lo que antes sintieron…
los que se miraron al fondo del fondo los ojos del cuerpo…
Y vieron… y amaron… y fueron… y son… ajenos al tiempo…


C. R. C. (16-02-10)






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