Esos borbotones que nos hierven por dentro.
Huir de ella,
como se huye de uno mismo.
Cerrar los ojos, a lo de adentro,
mirar de frente, rozar tan sólo la superficie.
No preguntarse, no preguntarles,
hablar de temas que no nos toquen,
que no nos rocen,
que no nos hagan volver a ella.
Oír la música,
jamás la letra, jamás el tono,
jamás la voz que nos derrumbe,
jamás sentirla.
Cantar el coro del gallinero,
cluecos de cluecas,
picoteando, cacareando,
regurgitando algún gusano.
No detenerse,
siempre adelante,
dejando atrás nuestro cadáver,
ser estos restos medio podridos.
Cal a las tumbas,
flores que oculten lo maloliente.
Sombras pérdidas de quiénes somos,
por no haber sido.
Un contratiempo contracorriente,
contra costumbre,
contrariamente nos arrincona
contra la duda del haber sido.
C. R. C. /19-04-10/
lunes, 19 de abril de 2010
domingo, 18 de abril de 2010
Y comprendió, de pronto, que la había perdido
al verla desnudarse de sus aguas de mar.
El agua resbalaba del traje de su cuerpo,
la sal abandonaba sus labios de mujer.
Aquel amor ingenuo, que tanto había ofrecido,
se iba, sin ser huella, de quien no lo entregó.
El pulso, acelerado, recobra sus latidos
de lentas pulsaciones, letargo del amor.
Se viste de distancia, se calza escepticismo,
camufla su mirada de ausencia de esplendor.
C. R. C. (18-09-10)
al verla desnudarse de sus aguas de mar.
El agua resbalaba del traje de su cuerpo,
la sal abandonaba sus labios de mujer.
Aquel amor ingenuo, que tanto había ofrecido,
se iba, sin ser huella, de quien no lo entregó.
El pulso, acelerado, recobra sus latidos
de lentas pulsaciones, letargo del amor.
Se viste de distancia, se calza escepticismo,
camufla su mirada de ausencia de esplendor.
C. R. C. (18-09-10)
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