martes, 27 de octubre de 2009


El o que de tu o que a mi o que me incita,
va sonando a dislate, va sonando a acertijo.
Sonará a lo que suene, sin clave de cordura,
sin clave de otro sol que la puerta que lleva
donde fuera del mapa el ombligo contempla.

Entre pitos y flautas no se pasa la hora
en que apagando la luz no se apaga ella sola.
Encendida la llama de la vela sin fuego,
me recuerda a las hojas agitadas al viento,
chaparrón, granizada, suenan lluvia las hojas.

Ayer el sol del parque picoteaba en el banco,
de bermellón, a medias, pinta estrellas el suelo.
Miro el ovalo azul que prendí en el espejo,
el cristal de ese ángel con las alas doradas
y la araña que miro donde estuve alumbrada.

Alexandra es un nombre que despierta el recuerdo
el sonido de un móvil, un paraguas abierto,
un café, cuyo nombre se perdió en la memoria,
un ascensor que sube, una llave, una puerta,
una terraza al fondo, el calor de tu boca.

El o que que me llama sin que suene un sonido,
cuatro pasos de baile, nuestros cuerpos unidos,
aquel santo del nombre donde nada fue visto,
aquel rey que pasea recordando un camino,
aquellos locos dos donde el limbo imposible.

C. R. C. (27-10-09)